¡Oh dulcísima María, que esparciste como riquisima vid, al florecer, la más exquisita fragancia, rechazando siempre todo elemento impuro, concédenos que nunca quede nuestro corazón contaminado por el hedor de la impureza!
Ave María, Gloria...
sábado, 5 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
Novena de la Inmaculada (Día 6)
¡Oh María, que, como resplandeciente aurora, apareciste en el horizonte de esta vida, sin que nieblas ni manchas ofuscaran en nada tu limpia claridad, no permitas que nuestra alma quede sumida en las tinieblas y sombras de la muerte!
Ave María, Gloria...
Ave María, Gloria...
jueves, 3 de diciembre de 2009
Novena de la Inmaculada (Día 5)
¡Oh María amabilísima, que fuiste huerto cerrado y paraíso de delicias, donde no entró, ni siquiera por un instante, la insidiosa serpiente, haz que en nuestros corazones nunca penetre el enemigo de nuestras almas!
Ave María, Gloria...
Ave María, Gloria...
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Novena de la Inmaculada (Día 4)
¡Oh María hermosísima, que permaneciendo cerca de la fuente de la gracia, estuviste siempre cual palma llena de verdor, y diste sabrosos frutos, haz que para nosotros estén siempre abiertas las fuentes de la divina gracia, a fin de que podamos producir dignos frutos de penitencia!
Ave María, Gloria...
Ave María, Gloria...
martes, 1 de diciembre de 2009
Novena de la Inmaculada (Día 3)
¡Oh María, paloma candidísima, que, con nívea alas, elevaste el vuelo a las regiones celestiales, sin parar en las inmundicias que cubren la faz de la tierra, haz que aprendamos de ti a no entregarnos a los bienes falaces de esta vida!
Ave María, Gloria...
Ave María, Gloria...
lunes, 30 de noviembre de 2009
Novena de la Inmaculada (Día 2)
¡Oh dichosísima María, ya que, cual arca mística. Tú sola fuiste preservada del naufragio en el diluvio universal del mundo, sálvanos de todos los vicios y pecados que inundan la Tierra!
Ave María, Gloria...
Ave María, Gloria...
domingo, 29 de noviembre de 2009
Novena de la Inmaculada (Día 1)
¡Oh purísima Virgen María, cuya inmaculada pureza fue figurada en aquel misterioso zarzal que ardía sin consumirse, te suplicamos apacigües en nosotros el fuego de la concupiscencia, por cuya causa tantas almas se precipitan miserablemente en el infierno!
Ave María, Gloria...
Ave María, Gloria...
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